Mercados privados: la nueva frontera para los inversionistas

Mercados privados: la nueva frontera para los inversionistas

Los mercados privados han adquirido una relevancia creciente dentro de la arquitectura financiera internacional. Durante décadas, el acceso a estrategias como capital privado, venture capital, deuda privada, infraestructura y determinados activos inmobiliarios estuvo concentrado principalmente en fondos de pensiones, aseguradoras, fondos soberanos, family offices y grandes patrimonios. Sin embargo, esa estructura está cambiando a medida que nuevos vehículos permiten ampliar la participación hacia inversionistas con patrimonios más diversificados y horizontes de inversión diferentes.

El crecimiento del fenómeno es considerable. La OCDE estima que los activos gestionados por fondos de private equity y private credit aumentaron de aproximadamente 3 billones de dólares en 2012 a 15 billones en 2025. Si se incorporan venture capital, infraestructura privada y real estate privado, el mercado global de capital privado alcanzó alrededor de 22 billones de dólares en 2025.

Este proceso responde a diversos factores: la búsqueda de retornos superiores, la diversificación respecto de los mercados cotizados, la expansión del crédito no bancario, la necesidad de financiar empresas en etapas de crecimiento y el desarrollo de vehículos que ofrecen diferentes grados de liquidez. Pero la apertura también plantea interrogantes relevantes. Los activos privados suelen presentar menor transparencia, valoraciones menos frecuentes y restricciones de salida superiores a las de los instrumentos negociados públicamente.

El verdadero desafío, por tanto, no consiste únicamente en determinar si los mercados privados continuarán creciendo, sino en establecer cómo debe gestionarse la incorporación de nuevos inversionistas sin trasladarles riesgos que anteriormente estaban concentrados en participantes institucionales con mayor capacidad de análisis, liquidez y absorción de pérdidas.

La expansión estructural de los mercados privados y el cambio en la asignación de capital

El crecimiento de los mercados privados refleja una transformación en la manera en que empresas e inversionistas interactúan con el capital. Las compañías pueden recurrir a fuentes de financiamiento distintas de los mercados bursátiles y bancarios tradicionales, mientras los inversionistas institucionales encuentran vehículos capaces de proporcionar exposición a activos con horizontes de maduración más prolongados.

El private equity constituye una de las expresiones más conocidas de esta transformación. En lugar de adquirir acciones de compañías cotizadas, los fondos invierten directamente en empresas privadas, generalmente con el objetivo de mejorar su desempeño operativo, fortalecer su estructura financiera, ejecutar adquisiciones o preparar una futura desinversión. El retorno depende entonces no solo de la evolución del mercado, sino de la capacidad del gestor para crear valor dentro de las compañías participadas.

El private credit opera bajo una lógica diferente. Los fondos proporcionan financiamiento directamente a empresas mediante estructuras como direct lending, unitranche, mezzanine, distressed debt o financiamiento respaldado por activos. El Financial Stability Board estimó en 2026 que el mercado mundial de private credit se encontraba entre 1.5 y 2 billones de dólares, y destacó que su crecimiento ha extendido esta modalidad desde empresas medianas hacia compañías de mayor tamaño.

Esta expansión modifica la intermediación financiera. Parte del crédito que anteriormente habría sido originado o estructurado por bancos puede ahora ser proporcionado por gestores de activos. En mercados emergentes, el fenómeno también está adquiriendo relevancia: el FMI estimó que las transacciones de private credit en economías emergentes aumentaron de aproximadamente 14,000 millones de dólares en 2024 a más de 22,000 millones en 2025.

México ofrece un ejemplo significativo de la diversificación de esta industria. La Asociación Mexicana de Capital Privado reporta una presencia que abarca venture capital, crédito privado, growth & LBO, bienes raíces, infraestructura y energía, además de una amplia red de firmas especializadas. La evolución de este ecosistema muestra que el capital privado ya no constituye una categoría homogénea, sino un conjunto de estrategias con distintos perfiles de riesgo, duración y generación de valor.

El crecimiento de estas estructuras puede ampliar las alternativas de financiamiento empresarial y diversificar las fuentes de retorno para los inversionistas. Pero también desplaza una mayor cantidad de actividades financieras hacia segmentos donde la información pública, la formación de precios y los mecanismos de liquidez son diferentes de los existentes en los mercados cotizados.

Acceso de nuevos participantes

La transformación más relevante no se encuentra únicamente en el crecimiento de los activos, sino en quién puede acceder a ellos. Tradicionalmente, los mercados privados exigían compromisos de capital elevados y estructuras cerradas que resultaban poco compatibles con las necesidades de inversionistas individuales. La aparición de vehículos semilíquidos, fondos evergreen, business development companies y determinados productos negociados en mercados públicos está reduciendo algunas de esas barreras.

El cambio tiene una lógica económica clara. Los inversionistas institucionales poseen pasivos de largo plazo y, por tanto, pueden comprometer capital durante períodos extensos sin requerir liquidez inmediata. Los inversionistas individuales, en cambio, suelen valorar la posibilidad de disponer de sus recursos en plazos más cortos. La industria está intentando resolver esta diferencia mediante estructuras que combinan exposición a activos privados con ventanas periódicas de liquidez.

El BIS ya había identificado esta tendencia en private credit, señalando que el crecimiento de business development companies y, posteriormente, de vehículos cotizados vinculados con crédito privado estaba ampliando la participación de inversionistas minoristas. La institución también advertía que estos vehículos pueden generar señales de precio útiles para un mercado caracterizado por una valoración menos frecuente.

El proceso tiene ventajas potenciales. Una mayor participación puede democratizar el acceso a determinadas oportunidades de inversión y permitir que una proporción más amplia del ahorro participe en activos relacionados con empresas privadas, infraestructura o proyectos productivos. Sin embargo, democratizar el acceso no significa necesariamente democratizar el riesgo.

La diferencia es fundamental. Un inversionista que puede comprar una participación en un vehículo privado con relativa facilidad podría asumir que la experiencia es comparable con adquirir un fondo cotizado tradicional. Pero la estructura subyacente puede contener activos ilíquidos, valoraciones realizadas mediante modelos y períodos de permanencia mucho más prolongados.

Costa Rica permite observar cómo los mercados de inversión colectiva pueden canalizar recursos hacia diferentes clases de activos dentro de una economía de menor escala. En este tipo de mercados, la evolución de los fondos de inversión y la participación institucional pueden desempeñar un papel importante para ampliar las alternativas de financiamiento y diversificación, aunque la profundidad del mercado continúa siendo un factor determinante para la capacidad de crear vehículos especializados.

La expansión del acceso, por tanto, requiere que la sofisticación del producto avance acompañada de una sofisticación equivalente en la información proporcionada al inversionista. La facilidad de entrada no debería confundirse con simplicidad financiera.

Liquidez: el principal desafío cuando los activos no cotizan

Uno de los elementos que diferencia radicalmente a los mercados privados de los públicos es la liquidez. Una acción cotizada puede venderse, en condiciones normales, durante una sesión de mercado y con un precio observable. Una participación en un fondo de private equity o un préstamo privado puede requerir meses o años para materializarse mediante una venta, refinanciamiento o evento de salida.

Esta diferencia adquiere especial importancia cuando se ofrecen productos privados a inversionistas que esperan disponer de su capital periódicamente. Si un fondo posee activos que no pueden venderse rápidamente, pero ofrece a sus participantes la posibilidad de solicitar reembolsos frecuentes, puede producirse un desajuste entre la liquidez de los activos y la liquidez prometida a los inversionistas.

El FMI ha advertido que el crecimiento de la exposición minorista al private credit puede aumentar precisamente este riesgo. En abril de 2026 estimaba que alrededor del 15% del universo global de direct lending, equivalente a unos 300,000 millones de dólares, se encontraba en estructuras semilíquidas donde los inversionistas pueden solicitar reembolsos.

La tensión puede agravarse durante períodos de estrés. Si numerosos inversionistas intentan retirar capital simultáneamente, el administrador puede verse obligado a limitar reembolsos, utilizar mecanismos de protección de liquidez o vender activos en condiciones desfavorables. El problema no implica necesariamente una falla del producto; puede ser una consecuencia estructural de ofrecer liquidez sobre activos que, por naturaleza, no se negocian frecuentemente.

Chile presenta un caso particularmente interesante por el desarrollo de su industria de fondos de inversión. A marzo de 2026, los fondos públicos administraban aproximadamente 45,239 millones de dólares y los activos alternativos representaban el 66% del total. Dentro de ellos, capital privado y deuda privada alcanzaban 7,807 millones y 7,019 millones de dólares, respectivamente.

La magnitud de estos vehículos evidencia que los activos privados pueden adquirir un peso considerable dentro de una industria regulada de fondos. También demuestra por qué la estructura de liquidez debe analizarse conjuntamente con el tipo de activo, el horizonte de inversión y el perfil de los participantes.

En consecuencia, la evaluación de un vehículo privado debería considerar no solamente su rentabilidad histórica, sino las condiciones exactas bajo las cuales permite entrar y salir. Una rentabilidad atractiva pierde parte de su valor si el inversionista necesita liquidez precisamente cuando el mercado no puede proporcionarla.

Valoraciones privadas y el problema de la ausencia de precios continuos

La ausencia de cotización permanente constituye otro desafío central. En los mercados públicos, los precios se actualizan continuamente a través de operaciones entre compradores y vendedores. En los mercados privados, muchas posiciones se valoran mediante modelos, comparables, transacciones recientes o metodologías internas del administrador.

Esto no significa que las valoraciones privadas sean necesariamente incorrectas. Significa que su frecuencia y metodología son diferentes. Una empresa privada puede mantener durante varios trimestres una valoración relativamente estable aun cuando las condiciones económicas hayan cambiado significativamente, mientras un activo cotizado incorpora nueva información casi de inmediato.

La OCDE ha advertido en 2026 sobre preocupaciones relacionadas con la opacidad de las valoraciones en private capital. El organismo señala que la discrecionalidad existente en la valoración de posiciones ilíquidas puede provocar que determinadas pérdidas se hagan visibles con retraso, especialmente cuando los fundamentos de los activos comienzan a deteriorarse.

Este fenómeno tiene consecuencias para la percepción del riesgo. Si un fondo privado muestra una volatilidad inferior a la de un activo público comparable, no necesariamente significa que sea menos riesgoso. Parte de la diferencia puede provenir simplemente de que el activo privado no se revalora diariamente.

La dificultad aumenta cuando existen vehículos que permiten reembolsos periódicos. El precio al que un inversionista puede salir depende entonces de una valoración que quizá no incorpore inmediatamente todas las condiciones del mercado. Esto crea una cuestión de gobernanza financiera que exige metodologías independientes, consistentes y suficientemente transparentes.

El desarrollo de mercados secundarios puede contribuir a mejorar este problema. La existencia de compradores especializados para participaciones privadas permite generar referencias de precio y ofrecer mecanismos adicionales de salida. Sin embargo, las transacciones secundarias suelen realizarse con descuentos o primas respecto del valor reportado por el fondo, precisamente porque incorporan una valoración de mercado diferente.

Para el inversionista, la conclusión es clara: el valor contable de una participación privada no debe confundirse automáticamente con el precio al que podría liquidarse. La diferencia entre ambos constituye una dimensión esencial del riesgo de liquidez y valoración.

La expansión regional privada

La evolución de los mercados privados en América Latina no es uniforme, pero muestra una tendencia hacia una mayor diversificación de estrategias y fuentes de capital. El crecimiento de estas estructuras responde tanto a la demanda de inversionistas institucionales como a la necesidad de financiar empresas, infraestructura, bienes raíces y proyectos que no siempre encuentran una solución adecuada en los mercados públicos.

En México, la amplitud del ecosistema es particularmente visible. AMEXCAP reporta actualmente estrategias que incluyen venture capital, corporate venture capital, crédito privado, growth & LBO, bienes raíces, infraestructura y energía. Esta diversidad permite que el capital privado actúe sobre diferentes etapas del ciclo empresarial, desde compañías jóvenes hasta operaciones de crecimiento y adquisiciones.

El desarrollo del venture capital también modifica la relación entre innovación y financiamiento. Las empresas tecnológicas y de alto crecimiento suelen presentar activos intangibles elevados y flujos de efectivo negativos durante determinadas etapas, características que pueden dificultar el acceso a crédito bancario tradicional. El capital emprendedor puede asumir ese perfil de riesgo a cambio de participación en el valor futuro de la compañía.

Chile presenta otra dimensión. Durante el primer trimestre de 2026, los activos alternativos representaron dos tercios del patrimonio de la industria de fondos de inversión públicos, mientras los nuevos fondos creados durante el período se concentraron mayoritariamente en activos alternativos, especialmente deuda privada, capital privado e inmobiliario.

La actividad de venture capital también muestra expectativas favorables. Una encuesta de ACAFI, EY y Endeavor publicada en febrero de 2026 encontró que dos tercios de las gestoras de venture capital consultadas esperaban incrementar sus inversiones durante el año, con especial interés en sectores como fintech, biotecnología e inteligencia artificial.

Costa Rica, por su parte, representa un mercado donde el desarrollo de instrumentos de inversión y financiamiento privado debe observarse en relación con el tamaño de la economía, la profundidad del mercado de capitales y la capacidad de atraer capital internacional. En economías pequeñas y abiertas, los vehículos privados pueden funcionar como mecanismos para canalizar inversión hacia proyectos específicos y complementar las fuentes tradicionales de financiamiento.

La comparación regional demuestra que el crecimiento de los mercados privados no depende exclusivamente del tamaño de cada economía. También requiere marcos regulatorios adecuados, administradores especializados, inversionistas institucionales capaces de comprometer capital de largo plazo y mecanismos confiables de gobierno, valoración y salida.

Democratización del acceso

La expansión de los mercados privados hacia nuevos inversionistas representa una de las transformaciones más importantes de la industria financiera contemporánea. El acceso puede generar beneficios significativos: mayor diversificación, participación en empresas antes inaccesibles y exposición a proyectos de infraestructura, innovación, crédito y activos reales.

Pero la democratización también modifica la distribución del riesgo. Cuando una estrategia privada estaba reservada a inversionistas institucionales, estos participantes disponían normalmente de equipos especializados, capacidad para realizar due diligence, portafolios amplios y horizontes de inversión compatibles con la iliquidez. La entrada de inversionistas individuales exige mecanismos adicionales de protección y transparencia.

El FSB ha señalado que el private credit todavía no ha sido probado plenamente bajo una recesión severa y que existen vulnerabilidades relacionadas con calidad crediticia, apalancamiento, concentración, interconexiones con bancos y aseguradoras y desajustes de liquidez.

El problema adquiere una dimensión sistémica cuando diferentes partes del mercado están conectadas. Un fondo de private equity puede ser propietario de una empresa que recibe financiamiento de un fondo de private credit; ambos pueden compartir inversionistas institucionales y, además, mantener relaciones con bancos y aseguradoras. Una perturbación en un segmento puede transmitirse hacia otros.

La OCDE también advierte que el crecimiento de los mercados privados ha incrementado las preocupaciones sobre liquidez, calidad de activos y valoraciones, mientras el FMI ha destacado que la expansión del private credit y la creciente exposición minorista justifican un monitoreo continuo.

Esto no significa que los mercados privados deban considerarse inherentemente peligrosos. Su crecimiento responde a necesidades reales de financiamiento y ofrece alternativas que pueden mejorar la asignación de capital. El desafío consiste en evitar que la innovación en vehículos de inversión avance más rápido que la comprensión de sus riesgos.

La siguiente etapa probablemente estará marcada por una mayor institucionalización del acceso. Los administradores tendrán que mejorar la transparencia de las valoraciones, las metodologías de liquidez y la información sobre composición de cartera. Los reguladores deberán cerrar brechas de datos y supervisar las interconexiones entre fondos privados y el sistema financiero tradicional.

Para los inversionistas, la evolución exige una lectura más sofisticada. Un activo privado no debería evaluarse únicamente por su rendimiento potencial, sino por el horizonte temporal, la estructura de comisiones, la calidad del gestor, la metodología de valoración, el nivel de endeudamiento, la liquidez disponible y las condiciones bajo las cuales puede producirse una salida.

El crecimiento de los mercados privados representa, en definitiva, una transformación estructural de la intermediación financiera. El capital se está desplazando hacia vehículos capaces de financiar empresas, crédito, infraestructura y activos reales fuera de los mercados públicos tradicionales, mientras la industria desarrolla mecanismos para ampliar la participación de nuevos inversionistas.

La verdadera democratización financiera, sin embargo, no consiste simplemente en permitir que más personas compren productos privados. Consiste en lograr que ese acceso esté acompañado por información suficiente, mecanismos adecuados de protección, estructuras de liquidez coherentes y una comprensión clara de los riesgos asumidos.

Si esta evolución consigue mantener ese equilibrio, los mercados privados pueden consolidarse como una pieza relevante de la arquitectura financiera global y regional. Si el crecimiento de la participación se produce sin una mejora equivalente en transparencia, gobierno y gestión de liquidez, el mismo proceso que amplía las oportunidades de inversión podría convertirse en una nueva fuente de vulnerabilidad financiera.