El nuevo mapa competitivo de las finanzas abiertas

El nuevo mapa competitivo de las finanzas abiertas

Durante décadas, la relación financiera entre una empresa y una institución bancaria estuvo construida alrededor de una premisa relativamente estable: el banco concentraba una parte significativa de la información financiera del cliente y, a partir de ella, evaluaba su capacidad de pago, determinaba las condiciones de financiamiento y diseñaba buena parte de su oferta de productos. La digitalización modificó la velocidad de estos procesos, pero no necesariamente alteró su estructura fundamental. Las finanzas abiertas están comenzando a cambiar ese equilibrio.

El desarrollo de marcos regulatorios que permiten, bajo autorización del titular, compartir información financiera estandarizada entre distintas entidades introduce una transformación más profunda que la simple digitalización de servicios bancarios. El dato financiero deja de permanecer necesariamente confinado dentro de una institución y puede convertirse en un insumo interoperable para distintos proveedores. Esto abre espacio para nuevos modelos de negocio, nuevos mecanismos de evaluación de riesgo y una competencia basada en la capacidad de interpretar información y generar soluciones financieras más precisas.

La tendencia está adquiriendo especial relevancia en América Latina. Brasil ha desarrollado uno de los ecosistemas de finanzas abiertas más avanzados de la región, mientras Colombia dio en 2026 un paso hacia un esquema obligatorio mediante el Decreto 0368. Chile, por su parte, continúa preparando la implementación de su Sistema de Finanzas Abiertas, con estándares técnicos y herramientas de experimentación orientadas a facilitar la interoperabilidad.

El fenómeno plantea una cuestión estratégica para empresas financieras y no financieras: si los datos pueden circular de manera estandarizada y bajo consentimiento, la ventaja competitiva ya no dependerá únicamente de quién posee la información, sino de quién puede transformarla con mayor eficiencia en productos, servicios, decisiones y experiencias de usuario.

De la concentración de información a la portabilidad del dato financiero

El concepto de finanzas abiertas parte de una modificación relevante en la arquitectura de la información financiera. Tradicionalmente, una empresa que mantenía cuentas, créditos, inversiones o determinados productos financieros con distintas instituciones podía tener su información fragmentada entre varios proveedores. Cada entidad conocía una parte de su comportamiento y utilizaba esa información dentro de sus propios procesos de evaluación y relación comercial.

Las finanzas abiertas buscan reducir esa fragmentación mediante mecanismos que permiten compartir determinados datos con terceros autorizados. El elemento fundamental es el consentimiento del titular: la información no se transfiere libremente ni desaparece la responsabilidad sobre su protección. Lo que cambia es la posibilidad de que el cliente autorice su utilización por parte de otros participantes dentro de un marco regulado.

En Colombia, el Decreto 0368 de 2026 estableció un sistema obligatorio de finanzas abiertas para las entidades vigiladas, acompañado de estándares técnicos, tecnológicos, funcionales y operativos que deberán ser definidos progresivamente por la autoridad supervisora. El marco contempla además la participación voluntaria de terceros no vigilados bajo las condiciones previstas por la normativa.

La relevancia empresarial de este cambio reside en la simetría informativa. En un sistema tradicional, la institución que mantiene una relación financiera con un cliente posee una ventaja derivada del conocimiento acumulado sobre sus operaciones. Cuando la información puede ser trasladada de manera estandarizada y autorizada, esa ventaja puede reducirse, porque el cliente tiene mayor capacidad para utilizar su historial financiero en diferentes relaciones.

Esto modifica la naturaleza de la competencia. Una institución ya no puede asumir que conservará indefinidamente la relación con un cliente simplemente porque concentra su información. Debe justificar esa relación mediante mejores precios, productos, experiencia, capacidad de respuesta o soluciones más adecuadas a las necesidades específicas del usuario.

Para las empresas, particularmente las pequeñas y medianas, el cambio puede ser relevante. Una compañía con poca trayectoria crediticia formal puede tener dificultades para demostrar su perfil financiero cuando sus datos se encuentran distribuidos entre diferentes proveedores. La posibilidad de integrar información autorizada puede contribuir a construir una visión más completa de su comportamiento y, potencialmente, mejorar los procesos de evaluación y acceso a productos financieros.

Esto no implica que las finanzas abiertas eliminen automáticamente las restricciones de crédito. El riesgo seguirá existiendo y las instituciones continuarán aplicando modelos de evaluación. La diferencia radica en la cantidad, calidad y oportunidad de la información disponible para construir esos modelos.

La competencia financiera se desplaza hacia la capacidad de interpretar datos

El segundo gran cambio se encuentra en la naturaleza de la ventaja competitiva. Cuando la información deja de ser un activo relativamente cerrado y se convierte en un recurso interoperable, el valor económico se desplaza parcialmente hacia las capacidades que permiten procesarla, contextualizarla y utilizarla.

Esto puede generar una transformación significativa en el ecosistema financiero. Bancos, fintech, aseguradoras, plataformas de comercio electrónico y otros proveedores pueden competir no solamente mediante productos financieros tradicionales, sino mediante modelos capaces de integrar diferentes fuentes de información y ofrecer soluciones más personalizadas.

El verdadero desafío no consiste en acumular la mayor cantidad posible de datos. Una organización puede disponer de grandes volúmenes de información y, aun así, generar poco valor si carece de infraestructura analítica, modelos adecuados de riesgo, capacidades de integración y mecanismos sólidos de gobierno de datos.

Las finanzas abiertas elevan, por tanto, la importancia de la interoperabilidad. Las organizaciones necesitan arquitecturas tecnológicas capaces de comunicarse mediante estándares definidos, gestionar autorizaciones, registrar accesos, mantener trazabilidad y garantizar que la información sea utilizada conforme al propósito autorizado.

La experiencia latinoamericana muestra que esta transformación no ocurre únicamente mediante modificaciones legales. También requiere una infraestructura tecnológica considerable. En Colombia, durante 2026 se desarrollaron mesas técnicas con participación de 153 entidades y actores para aportar elementos a la definición de estándares y al cronograma de implementación del sistema obligatorio.

Chile ofrece otra perspectiva. La implementación de su Sistema de Finanzas Abiertas contempla una arquitectura técnica que requiere interoperabilidad entre participantes y, en septiembre de 2026, la autoridad financiera lanzó ATENA, un entorno tecnológico de experimentación destinado a que las instituciones prueben integraciones y desarrollos antes de la entrada en funcionamiento prevista para julio de 2027.

Esto permite observar una característica esencial de las finanzas abiertas: la regulación y la infraestructura tecnológica evolucionan conjuntamente. No basta con establecer legalmente el derecho de compartir información. Es necesario construir mecanismos que permitan hacerlo de manera segura, verificable, estandarizada y escalable.

Para las empresas financieras, esto puede traducirse en inversiones significativas en APIs, gestión de identidades, ciberseguridad, consentimiento digital, integración de sistemas, calidad de datos y monitoreo de operaciones. El costo inicial puede ser considerable, pero también representa una infraestructura sobre la cual pueden desarrollarse nuevos servicios.

El cliente adquiere mayor capacidad de negociación financiera

La transformación también modifica la posición del cliente dentro del mercado. En el modelo tradicional, cambiar de proveedor financiero podía implicar fricciones importantes. Una persona o empresa que había construido un historial con una institución podía tener que comenzar nuevamente determinados procesos de evaluación al establecer una relación con otra entidad.

La disponibilidad de información financiera autorizada puede reducir parte de esas fricciones. El cliente puede adquirir mayor capacidad para trasladar su información y utilizarla para acceder a ofertas alternativas. Esto introduce una dimensión de portabilidad financiera que puede intensificar la competencia.

Para las empresas, esta transformación tiene dos consecuencias. La primera es que la fidelización dependerá menos de la dificultad para abandonar una institución y más del valor que esta genere continuamente. La segunda es que la calidad de la experiencia financiera adquiere una importancia estratégica.

Un cliente empresarial puede comparar diferentes alternativas de crédito, administración de liquidez, seguros, pagos o inversión con mayor facilidad si su información puede utilizarse dentro de diferentes ecosistemas. La institución financiera, en consecuencia, necesita comprender mejor el ciclo financiero de la empresa y desarrollar propuestas que respondan a necesidades concretas.

Esto puede favorecer la aparición de modelos más especializados. Una empresa tecnológica podría utilizar información financiera autorizada para ofrecer soluciones de gestión de liquidez. Una plataforma comercial podría desarrollar mecanismos de financiamiento basados en información transaccional. Una fintech podría combinar datos provenientes de distintas fuentes para construir modelos de evaluación diferentes de los utilizados por la banca tradicional.

La competencia puede desplazarse así desde el producto aislado hacia el ecosistema de servicios.

Sin embargo, esta evolución también genera riesgos. Una mayor circulación de información puede ampliar la superficie de exposición frente a incidentes de ciberseguridad. Además, la existencia de más datos no garantiza automáticamente decisiones más justas o precisas. Los modelos analíticos pueden reproducir sesgos, utilizar variables inadecuadas o generar conclusiones incorrectas si la calidad de los datos es deficiente.

Por ello, la expansión de las finanzas abiertas debe ir acompañada de mecanismos robustos de gobierno de datos, protección de información, autenticación, trazabilidad y gestión del consentimiento. La confianza se convierte en una condición económica del sistema, no solamente en una cuestión tecnológica.

De la banca digital al ecosistema financiero interoperable

La mayor consecuencia de las finanzas abiertas puede observarse en el cambio de arquitectura del mercado. La digitalización permitió trasladar operaciones financieras a canales electrónicos; las finanzas abiertas buscan algo más ambicioso: permitir que diferentes participantes puedan interactuar sobre una infraestructura común de intercambio de información y servicios.

Esto puede generar un ecosistema progresivamente menos dependiente de las fronteras tradicionales entre bancos y empresas tecnológicas. La competencia puede provenir de actores que anteriormente no eran considerados competidores directos y que ahora pueden utilizar infraestructura financiera, datos autorizados y capacidades tecnológicas para construir nuevas propuestas de valor.

La Superintendencia Financiera de Colombia ha vinculado explícitamente el desarrollo de las finanzas abiertas con competencia, eficiencia, innovación e inclusión financiera, mientras que el marco adoptado en 2026 busca avanzar hacia una mayor simetría de información entre los participantes.

Este proceso también puede modificar la estructura de los servicios financieros empresariales. Las compañías podrían acceder a herramientas capaces de integrar información de cuentas, transacciones, financiamiento y otros productos para construir una visión consolidada de su posición financiera. A partir de esa información podrían desarrollarse sistemas más sofisticados de tesorería, gestión de liquidez y planificación financiera.

El cambio fundamental, entonces, no consiste únicamente en que los datos puedan trasladarse de una institución a otra. Consiste en que la interoperabilidad puede convertirse en una capa estructural del mercado financiero.

Eso abre una discusión estratégica sobre quién controlará las interfaces, quién desarrollará los modelos analíticos, quién administrará la relación con el cliente y quién será capaz de convertir datos dispersos en decisiones financieras útiles. El banco tradicional seguirá teniendo ventajas importantes en infraestructura, capital, regulación y confianza, pero tendrá que competir dentro de un ecosistema en el que otros participantes pueden acceder a capacidades que antes estaban más concentradas.

Las fintech, por su parte, pueden encontrar oportunidades para desarrollar productos altamente especializados, aunque deberán enfrentar exigencias crecientes en materia de seguridad, gobierno de datos y cumplimiento. Las empresas no financieras también pueden convertirse en participantes relevantes si logran integrar servicios financieros dentro de sus propias plataformas y cadenas de valor.

La evolución será gradual y no necesariamente implicará el desplazamiento de los actores tradicionales. Más probablemente, conducirá hacia una estructura híbrida en la que bancos, fintech y empresas tecnológicas cooperen y compitan simultáneamente.

Las finanzas abiertas representan, en este sentido, una transición desde un sistema financiero predominantemente basado en relaciones bilaterales hacia un modelo con mayor interoperabilidad, circulación autorizada de información y multiplicidad de proveedores.

La cuestión estratégica para las empresas ya no es solamente si deben digitalizar sus servicios financieros. Esa etapa está ampliamente avanzada. El desafío consiste en determinar cómo participar en un entorno donde los datos financieros pueden convertirse en infraestructura compartida, la competencia puede aumentar y la capacidad de integrar información puede ser tan importante como la capacidad de generar productos.

El avance regulatorio observado en América Latina durante 2026 demuestra que el fenómeno ha dejado de ser una hipótesis tecnológica para convertirse progresivamente en una transformación institucional. Colombia ha establecido un marco obligatorio y se encuentra desarrollando sus estándares de implementación, mientras Chile prepara su infraestructura tecnológica para una entrada progresiva en operación.

En este nuevo escenario, la información financiera adquiere una condición distinta. Ya no se trata únicamente de un activo almacenado dentro de una institución, sino de un recurso que, bajo reglas de consentimiento, seguridad e interoperabilidad, puede movilizarse entre diferentes participantes para producir nuevas formas de valor.

La consecuencia más profunda será probablemente competitiva. Las instituciones que logren combinar infraestructura tecnológica, calidad de datos, analítica avanzada, seguridad y conocimiento del cliente estarán en mejores condiciones para transformar la apertura de información en soluciones financieras diferenciadas. La apertura, por sí misma, no genera innovación; crea las condiciones para que la innovación pueda desarrollarse sobre una arquitectura distinta.

Las finanzas abiertas están, por tanto, modificando algo más profundo que la forma de compartir información. Están redefiniendo la relación entre datos, competencia y servicios financieros. Y conforme esa arquitectura se consolide en América Latina, la frontera entre banca, tecnología y servicios empresariales será cada vez menos rígida.