Rendimientos de escala y límites del crecimiento productivo en América Latina

Rendimientos de escala y límites del crecimiento productivo en América Latina

La expansión de la capacidad productiva suele interpretarse como una consecuencia casi automática de la inversión: más maquinaria, más infraestructura, mayor capacidad instalada y más trabajadores deberían traducirse en un incremento proporcional del producto. Sin embargo, desde una perspectiva económica, la relación entre factores productivos y producción rara vez permanece constante a medida que una organización, un sector o una economía aumenta su escala. En determinados rangos aparecen rendimientos crecientes, mientras que, posteriormente, pueden surgir rendimientos constantes o decrecientes.

Esta dinámica resulta especialmente relevante para América Latina, donde la expansión de la capacidad productiva convive con restricciones estructurales relacionadas con productividad, infraestructura, capital humano, financiamiento, tecnología y articulación de cadenas de valor. CEPAL ha señalado que la región enfrenta una trampa de baja capacidad para crecer, asociada en buena medida con un estancamiento de la productividad y con dificultades para transformar inversión y acumulación de factores en aumentos sostenidos de producción.

Por ello, incrementar la capacidad instalada no constituye por sí mismo una estrategia de crecimiento. La variable determinante es la relación entre los recursos adicionales comprometidos y el producto incremental que esos recursos consiguen generar.

La economía de la escala productiva

Los rendimientos crecientes aparecen cuando un incremento proporcional de los factores productivos genera un aumento más que proporcional del producto. En términos económicos, esto significa que duplicar determinados factores puede permitir obtener más del doble de producción bajo ciertas condiciones. La razón puede encontrarse en economías de escala, especialización, utilización más eficiente de activos fijos, aprendizaje acumulado, infraestructura compartida o una mayor capacidad para distribuir costos fijos entre un volumen superior de producción.

Una planta industrial, por ejemplo, puede tener costos importantes asociados a ingeniería, supervisión, sistemas de información, mantenimiento, instalaciones y administración. Si opera a una escala pequeña, estos costos se distribuyen sobre un número reducido de unidades. Cuando aumenta el volumen sin que los costos estructurales crezcan en la misma proporción, el costo medio disminuye y la productividad del capital puede mejorar.

La lógica cambia cuando la expansión empieza a utilizar recursos que anteriormente estaban disponibles en abundancia. Una segunda línea de producción puede aprovechar la misma infraestructura administrativa, pero una quinta o sexta línea quizá requiera nuevas instalaciones, supervisores adicionales, mayor capacidad logística, sistemas más complejos y proveedores especializados. La escala deja entonces de producir únicamente eficiencias y comienza a generar nuevas necesidades de inversión.

Este punto es fundamental porque los rendimientos crecientes no son una propiedad permanente de la expansión. Constituyen una relación condicionada por la tecnología, la organización, la disponibilidad de factores y la capacidad de absorber un volumen adicional de producción.

La productividad marginal

El análisis de la expansión productiva requiere distinguir entre crecimiento absoluto y productividad marginal. Que una economía produzca más después de invertir no significa necesariamente que cada unidad adicional de capital esté generando un retorno equivalente al anterior.

Supongamos que una compañía industrial incorpora una nueva máquina porque su capacidad instalada se encuentra próxima al límite. La inversión puede elevar significativamente el volumen producido porque elimina un cuello de botella. Si posteriormente incorpora otra máquina cuando ese cuello de botella ya desapareció, el incremento de producción podría ser menor. La tercera inversión puede generar todavía menos producción adicional si el verdadero límite se encuentra ahora en logística, mano de obra especializada, suministro energético o demanda.

La rentabilidad de expandirse depende, por tanto, de identificar cuál es el factor que restringe el producto en cada momento. Una expansión de capacidad puede ser altamente eficiente cuando resuelve una restricción crítica y considerablemente menos eficiente cuando simplemente añade activos a un sistema cuyo principal problema está en otro lugar.

La evidencia regional refuerza esta consideración. Los estudios de CEPAL sobre crecimiento y productividad muestran que la acumulación de capital físico, por sí sola, no explica adecuadamente las diferencias de desempeño productivo entre economías latinoamericanas; la eficiencia con la que capital y trabajo se combinan también resulta determinante.

Panamá: capacidad, infraestructura y restricciones de utilización

Panamá ofrece un caso particularmente interesante porque una parte significativa de su modelo productivo depende de actividades intensivas en infraestructura, conectividad y servicios logísticos. El país registró un crecimiento del PIB de 4,4 % en 2025, impulsado principalmente por comercio, transporte, logística y servicios financieros.

En este tipo de economía, la expansión de capacidad no puede evaluarse únicamente contabilizando nuevas instalaciones. La infraestructura logística funciona como un sistema interdependiente: puertos, transporte terrestre, almacenamiento, servicios financieros, conectividad y el Canal deben mantener niveles compatibles de utilización para que la capacidad adicional genere su máximo rendimiento.

El Canal de Panamá constituye una ilustración clara de esta lógica. Una infraestructura altamente especializada puede convertirse en un activo extraordinariamente productivo cuando existe una demanda suficiente y cuando los demás componentes del sistema permiten aprovecharla. Sin embargo, restricciones físicas o ambientales pueden reducir la capacidad efectiva sin que haya desaparecido la infraestructura nominal. El Banco Mundial ha señalado, por ejemplo, que los riesgos asociados a sequías pueden afectar los ingresos del Canal, demostrando que la capacidad productiva efectiva depende también de condiciones ambientales y de disponibilidad de recursos.

La diferencia entre capacidad instalada y capacidad efectivamente utilizable es crucial. Una economía puede disponer de activos físicos de gran escala y, aun así, enfrentar rendimientos decrecientes si determinados factores limitantes impiden aumentar proporcionalmente el volumen de operaciones.

Chile: capital intensivo y productividad de la inversión

Chile presenta una dinámica distinta. Su estructura productiva contiene sectores intensivos en capital y recursos naturales, particularmente minería y energía, donde las decisiones de expansión requieren inversiones de gran magnitud y horizontes temporales extensos. La OCDE señala que el crecimiento de largo plazo del país depende de superar barreras estructurales que afectan productividad e inversión, al tiempo que identifica oportunidades vinculadas con las reservas de cobre y litio y con el potencial de energías renovables.

Aquí el concepto de rendimientos decrecientes adquiere una dimensión especialmente importante. Una nueva inversión minera no puede evaluarse simplemente por la cantidad de capital incorporado. La productividad adicional depende de la calidad del yacimiento, tecnología utilizada, infraestructura complementaria, disponibilidad de agua y energía, capacidades técnicas, permisos y tiempos de ejecución.

Cuando una inversión elimina una restricción crítica, el rendimiento económico puede ser elevado. Pero conforme se desarrollan proyectos adicionales, pueden aumentar los costos de coordinación, infraestructura y cumplimiento, mientras las condiciones físicas del recurso pueden volverse menos favorables. La expansión continúa generando producción, pero cada unidad adicional de capital puede producir un incremento proporcionalmente menor.

La propia OCDE identifica los largos y complejos procesos de permisos como una barrera que incrementa los costos y tiempos de inversión en Chile. En su análisis de 2025, estima que los procesos de aprobación pueden extenderse durante años, con diferencias importantes entre sectores.

Esto demuestra que los rendimientos de la inversión no dependen únicamente de la tecnología productiva. También dependen del entorno institucional que determina cuánto tiempo permanece inmovilizado el capital antes de comenzar a producir.

México: expansión industrial y límites del nearshoring

México permite observar otra manifestación del problema. La integración del país en cadenas globales de valor ha convertido a la manufactura de exportación en un componente central de su estructura productiva. El nearshoring ha generado oportunidades adicionales para ampliar capacidad industrial, atraer inversión y profundizar la participación mexicana en cadenas de producción norteamericanas. La OCDE destaca que las exportaciones mexicanas como proporción del PIB se han multiplicado desde finales de la década de 1980 y que el país posee una integración significativa en cadenas globales de valor.

Sin embargo, el crecimiento de la capacidad industrial también permite observar dónde comienzan a aparecer los rendimientos decrecientes. La OCDE ha identificado restricciones relacionadas con transporte, conectividad digital, regulación, energía y disponibilidad de agua que pueden limitar la capacidad de aprovechar plenamente el nearshoring.

El problema es particularmente visible cuando la demanda de espacios industriales crece más rápido que la infraestructura complementaria. El aumento de fábricas, parques industriales y almacenes puede incrementar la producción potencial, pero si carreteras, electricidad, agua, talento especializado o sistemas logísticos no crecen al mismo ritmo, el rendimiento de la inversión adicional comienza a deteriorarse.

Un documento del Banco Mundial observa precisamente que el nearshoring ha producido efectos locales importantes en inversión, producción y empleo, especialmente en estados como Nuevo León, Chihuahua, San Luis Potosí y Guanajuato, pero también identifica cuellos de botella de infraestructura y regulación que restringen nuevas inversiones.

Por tanto, el desafío mexicano no consiste simplemente en atraer más capital. Consiste en conseguir que la infraestructura económica, el capital humano y el entorno institucional aumenten su capacidad de absorber ese capital sin generar pérdidas crecientes de productividad.

El punto de inflexión de la expansión

La transición entre rendimientos crecientes y decrecientes puede entenderse como un problema de restricciones. Mientras la capacidad adicional resuelve cuellos de botella relevantes, el rendimiento marginal de la inversión puede mantenerse elevado. Cuando las restricciones se desplazan hacia otros factores, continuar ampliando el mismo componente deja de producir resultados equivalentes.

Este fenómeno explica por qué una estrategia de expansión basada exclusivamente en incrementar capacidad instalada puede terminar destruyendo parte de la rentabilidad esperada. Una organización puede aumentar maquinaria mientras mantiene una estructura logística insuficiente; construir infraestructura mientras carece de trabajadores especializados; ampliar producción mientras enfrenta una demanda insuficiente; o incorporar tecnología sin modificar procesos capaces de aprovecharla.

La inversión, por tanto, debe analizarse como una función sistémica. El rendimiento de un activo adicional depende de los demás activos y capacidades que lo rodean. Una máquina de mayor productividad puede permanecer subutilizada si no existen suficientes técnicos para operarla. Un nuevo centro de distribución puede generar poco valor si la red de transporte que lo conecta permanece congestionada. Una nueva planta puede tener baja utilización si la demanda no crece al mismo ritmo.

La expansión eficiente ocurre cuando los diferentes factores productivos evolucionan de manera suficientemente coordinada como para evitar que un único cuello de botella capture los beneficios generados por el resto del sistema.

Escala no significa eficiencia permanente

La principal implicación económica es que el crecimiento de capacidad debe distinguirse del crecimiento de productividad. Una economía puede aumentar su stock de capital y, simultáneamente, experimentar una reducción en el rendimiento marginal de nuevas inversiones. Esto no implica que invertir sea inconveniente, sino que el tipo de inversión y las condiciones que acompañan su ejecución adquieren una importancia cada vez mayor.

La experiencia latinoamericana muestra precisamente la necesidad de pasar de una lógica basada en acumulación de factores hacia otra centrada en productividad, innovación, capacidades tecnológicas y articulación productiva. CEPAL considera la mejora de la productividad como el desafío estructural central de la región y plantea que la transformación productiva requiere combinar inversión, innovación, articulación de actores y fortalecimiento de capacidades.

En consecuencia, el problema económico no consiste en determinar cuánto puede crecer una capacidad instalada en términos físicos, sino cuánto producto adicional puede generar cada unidad adicional de capital, trabajo, infraestructura y tecnología bajo las restricciones existentes.

Por eso, las decisiones de expansión requieren evaluar no solamente cuánto capital adicional puede incorporarse, sino qué restricción será eliminada, qué nueva restricción puede aparecer y cuál será el rendimiento marginal esperado de los recursos comprometidos. Cuando esta relación se mantiene favorable, la escala puede convertirse en una fuente poderosa de competitividad. Cuando comienza a deteriorarse, seguir expandiendo capacidad sin corregir las restricciones estructurales puede producir crecimiento nominal, pero no necesariamente creación proporcional de valor.